Si tuviera que definirme diría:
Soy nueve lágrimas contenidas por un cajón roto.
Si tuviera que hablar de mí (qué voy a saber yo de mí) diría:
nueve, novecientas, nueve mil tazas de océano tengo en las manos
y me quedaría corto con mis sueños, y sería señalado por la calle:
mira, un astronauta disfrazado de poeta.
Si tuviera que subrayar algo mío diría:
Tengo el interior lleno de escombros
por demoler constantemente la realidad que me dan hecha.
Y se reiría de mí el cielo desde sus costuras
y los ciclos se reirían de mis ladrillos
pero los pájaros heridos por el cambio
harían nido en mis hormigoneras.
Si tuviera que responder a la pregunta.
A vuestra pregunta.
diría:
Estoy atrapado en el atardecer de un día que ya no existe.
Me lastran los muros de plomo que os han metido en los ojos
No tengo miedo a que la linde se acabe.
Estoy trabajando en una urna que pueda contener la existencia.
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